La simetría no es el problema. No darte cuenta, sí puede serlo.
Miré todos los videos que subí a YouTube el último tiempo. Formaciones para 3 integrantes, para 7, para 15, para 27, para 37. Proyectos distintos, grupos de tamaños distintos, sesiones separadas por semanas.
En todos, el mapa de zonas me dijo lo mismo: el centro.
Siempre el centro. Sobrecargado, saturado, con el doble o el triple de presencia que cualquier otra zona del escenario. No lo decidí ni una sola vez. Simplemente pasó, una y otra vez, sin que yo lo viera.
Y ese es el tema de este artículo.
Lo que no se ve mientras se crea
Cuando estás armando una coreografía, tu atención está en otra parte.
Estás pensando en la cuenta de 8 y en la interpretación de la música. En si llegan de una posición a otra. En si el grupo se acuerda del cambio anterior. En que tal persona puede estar lesionada y hay que reacomodar la fila de atrás…
Nadie está pensando «che, ¿cuánto tiempo llevamos en el frente derecho del escenario?».
Y sin embargo eso es exactamente lo que un juez o jueza vemos. No lo vemos con un mapa ni con estadísticas: lo vemos porque estamos sentados a varios metros mirando el escenario completo durante el tiempo que dura la coreografía y sin distracciones. Vemos todo lo que sucede ahí arriba. Vemos cada formación que hace el grupo en el espacio. Vemos cuando una zona no se usa en ningún momento.
Vos, adentro del proceso, no lo ves. Y no es un defecto tuyo, es la naturaleza del trabajo.

El descubrimiento incómodo
Hace un tiempo empecé a transmitir en vivo mientras armo formaciones. Sin guión ni coreografía real que entregar. Solo para probar la plataforma e inspirar a personas a que creen sus propias formaciones.
En algún momento de cada sesión abro el mapa de zonas y pasa algo interesante…
El mapa de zonas divide el escenario en nueve partes: fondo izquierda, fondo centro, fondo derecha, medio izquierda, medio centro, medio derecha, frente izquierda, frente centro, frente derecha. Y te dice cuánta presencia acumulaste en cada una a lo largo de todas las escenas.

En la sesión de 37 integrantes las cifras salieron casi perfectamente balanceadas de izquierda a derecha: 37 de un lado, 32 del otro. 63 arriba, 64 abajo. Simétrico. Ordenado. Prolijo.
Y me quedé mirando eso un rato largo, porque el balance no era una virtud. Era un síntoma.
Yo no había decidido ser simétrico, me había salido simétrico que es completamente distinto.
La simetría no es el enemigo
Acá quiero ser claro, porque es fácil malinterpretar esto.
No estoy diciendo que la simetría esté mal. En competencia hay momentos donde la simetría es exactamente lo que necesitás: para marcar un impacto, para sostener una formación, para dar sensación de unidad y demás.
La simetría es una herramienta.
El problema es cuando no es una herramienta sino un reflejo y en una competencia eso viene en forma de puntaje.
Lo que realmente cambia
Cuando entendés esto, el trabajo no se vuelve más difícil. Se vuelve más consciente.
No se trata de armar todo asimétrico ahora. No se trata de forzar a tu grupo a ocupar las nueve zonas por obligación. Se trata de que cada decisión pase por un filtro de tres preguntas.
¿Qué estoy haciendo? Describir la formación en voz alta. Simétrica, en bloque, dos diagonales, un semicírculo abierto al frente. Ponerle nombre.
¿Por qué acá? Qué justifica esa figura en ese momento de la música y de lo que contás con la coreografía. Si no hay respuesta quizás no hay decisión sino que hay inercia.
¿Y si lo cambio? Probar lo contrario. Aunque después vuelvas a esa formación, el hecho de probar las opciones es lo que convierte una costumbre en una elección.
Suena simple. Te quema el bocho un poco al principio y después es más dinámico con la práctica y dedicación. Como todo criterio.
La trampa de la estadística
Ojo con todo esto porque te podés pasar.
Cuando descubrís el mapa de zonas, hay una tentación fuerte: dejar que la estadística decida por vos.
«Tengo poco en el fondo derecha, entonces me voy al fondo derecha.»
Lo hice en los vivos y varias veces. En el medio de una de esas sesiones me frené, porque me di cuenta de algo: si solamente muevo el grupo hacia los huecos que marca el mapa, dejé de componer para completar algo que puedo ver incompleto.
El mapa no te dice qué hacer. Te dice qué está pasando.
Que una zona esté vacía no significa que tengas que ocuparla. Significa que sabés que está vacía. Puede ser un problema o puede ser una decisión de diseño perfectamente válida: hay coreografías que trabajan sobre un solo sector del escenario y son re cebadas porque la ubicación es el recurso.
La diferencia es la misma: ¿lo elegiste o te pasó?
El dato no reemplaza el criterio sino que lo alimenta.
Ponerle nombre a las cosas
Hay algo que me pasó hace poco y que creo que vale más que cualquier técnica.
Estaba armando un desplazamiento con dos grupos que avanzaban hacia adelante manteniendo un espacio abierto en el centro. Los grupos se movían y el efecto era que el hueco parecía desplazarse por el escenario.
Lo había hecho antes. Varias veces. Pero nunca lo había nombrado.
Ese día lo nombré: pasillo dinámico (como cuando estamos en las premiaciones del TAAD).

Y en el momento en que le puse nombre, dejó de ser algo que me salía a veces y se convirtió en un recurso disponible. Ahora puedo pedirlo. Puedo enseñarlo. Puedo decidir usarlo o no usarlo. También la plataforma te deja guardar tus formaciones que sabés que vas a volver a utilizar así las tenés a mano.
Esto es más importante de lo que parece.
El vocabulario que tenés determina las decisiones que podés tomar. Si solamente tenés las palabras «línea», «círculo» y «diagonal», vas a componer con líneas, círculos y diagonales. Si podés nombrar quince formaciones distintas, tenés quince decisiones posibles en vez de tres.
Empezá a nombrar lo que hacés. Aunque los nombres al principio no te gusten y que solo los entiendan en tu grupo.
El nombre es lo que convierte una casualidad en una herramienta.
Y después está la gente
Hasta acá hablé del escenario como si fueran puntos que se mueven pero no lo son.
En una de las sesiones de streaming, mientras probaba las formaciones, estaba mirando una y me quedé pensando en el integrante que quedaba en el centro. Estaba desde la primera escena hasta la última adelante, siempre visible, siempre en la zona más cómoda para el que mira.
Y pensé: ¿cómo hacés?
¿Cómo hacés para sostener la humildad de esa persona durante todo el proceso? ¿Cómo hacés para que no se coma el viaje por el lugar que está teniendo? Y cómo hacés después, cuando lo tengas que mover al fondo porque la coreografía lo pide, para que no lo viva como un castigo.
Eso no lo resuelve ningún mapa de zonas.
Es parte del trabajo y probablemente la parte más difícil y la que menos se habla. Componer para competencia no es solo ubicar cuerpos en el espacio sino que incluye el administrar expectativas, jerarquías internas y egos, muchas veces con adolescentes y durante meses de ensayo.
Pienso en algo como que el diseño espacial es el 30% del trabajo y quizás el otro 70% es dirigir personas.
Dejame un comentario con tus pensamientos sobre este tema.
Cómo empezar mañana
Si algo de esto te resonó, no hace falta que cambies tu método completo, mirá…
Grabá un ensayo desde arriba y desde el fondo de la sala. No para corregir técnica sino para ver las formaciones que hacen con el grupo en el espacio. Vas a encontrar cosas que desde adelante no se ven.
Anotá tus formaciones en papel antes de llevarlas a la sala. Es un ejercicio que trabajo en el nivel 1 de Arquitectura Coreográfica y que cuesta más de lo que parece. Cuando tenés que dibujarlas, aparecen los patrones que repetís sin darte cuenta.
Antes de cerrar una formación, preguntate por qué esa y no otra. Esa sola pregunta. Si tenés respuesta, seguí. Si no tenés, probá la contraria antes de decidir.
Siempre podés cambiar (a menos que se venga la fecha de la compe muy pronto y no sea prioridad).
Lo que queda
La coreografía que gana no siempre es la más difícil ni la más original.
Muchas veces es la que se sostiene en relación a los momentos que tienen una razón de ser, donde el espacio se usa con intención, donde el que mira desde afuera puede seguir un hilo sin esforzarse ni distraerse.
Eso no se logra con más horas de ensayo sino decidiendo. Y decidir empieza por ver lo que estás haciendo.
Trabajo estos temas en profundidad en el workshop de Arquitectura Coreográfica, donde vemos el método completo para estructurar una coreografía pensada para competir: qué hacer, cuándo hacerlo y por qué.
Si querés visualizar las formaciones antes de llevarlas a la sala de ensayo, Crewficina es la herramienta que uso en todos los ejemplos de este artículo. Tiene versión gratuita.
¿Trabajás con grupos de competencia y querés aplicar esto con tu gente? Escribime FORMACIÓN por privado para analizar tu situación.
Un abrazo.
